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Los PCs de Órbita Retro

Cómo conseguí mi primer PC (Parte I)

Ya que este es el inicio de esta página, he creído apropiado explicar cómo me inicié en el mundo de los ordenadores personales, afición que recuperé hace pocos años, cuando cierto movimiento nostálgico empezó a crecer en nuestro país, cuyos buenos representantes podríamos considerar al éxito de “Yo Fuí a EGB” y el videoclip de “Yo crecí en los 80” del Reno Renardo. (Puedes ver los enlaces y seguir leyendo después)

Para empezar con propiedad, debemos retroceder en el tiempo 25 años, incluso más. ¿Te animas a hacer este viaje conmigo? Entonces, sigue leyendo…

Mi experiencia en el mundo del ocio electrónico empezó desde que tengo memoria, quizá unos 3 o 4 años. El primer aparato de “ocio electrónico” que hubo en casa fué algo que ya llevaba unos años en casa, creo recordar que fué un regalo de las bodas de mis padres a mediados de los 70: el primer modelo de Teletenis (del cuál no he encontrado ninguna referencia en la red, por cierto), una máquina que se parecía más a un par de teléfonos de tamaño ladrillo que a lo que luego llamaríamos videoconsola.

¿Nunca te has echado una partida al Pong contra ti mismo ?

Supongo que entre la etapa de los primeros cinco años de vida, recordamos las cosas como si hubieran pasado muy rápido. Un día estaba el Teletenis y al día siguiente estaba el ZX Spectrum de 48K de memoria, del cual los mayores recuerdos que tengo son meter por error una de sus cintas etiquetada como “Sir Fred” en el radiocaset e intentar entender cómo podían esos sonidos horribles convertirse en un juego: debía ser cosa de magia, por supuesto.

Sí, ese Spectrum ha vivido mejores días

El siguiente recuerdo que tengo del Spectrum es que me lo dieran cual juguete cualquiera, puesto que un nuevo aparato lo había sustituido, así que ¿quieres saber qué hice yo con él? Si quieres saberlo te tocará seguir leyendo.

Llevármelo al taller de mi tío, que vivía en la casa de al lado: a mis ojos, un “MacGyver” en toda regla, ahí procedí, supongo que sin supervisión alguna de adultos a la inspección del paciente: lo destripé por completo, chapa por aquí, circuito por allá, hasta que me dí cuenta de lo que me resultaba más interesante: la goma del teclado, que acabé recortando en pequeños rectángulos de goma gris con letras serigrafiadas y almacenándolas en una pequeña cajita de madera y desechando todo lo demás (no sin antes hacer la comprobación de si esas teclas servían como goma de mascar, por supuesto.)

“El gomas” no me convence

Como decía, entre mis dos y tres años, entró en casa un nuevo aparato que sustituiría a todos los anteriores y que resultaría ser el gran primer “PC compatible” con el estándar que había marcado IBM: se trata de ni más ni menos que el Amstrad PC1512, todo un “superventas” de la época.

PC pese a ciertas incompatibilidades, nos permitió descubrir los primeros juegos en MsDos en CGA y su paleta de 8 colores que a día de hoy me siguen tocando “la fibra”. Largas horas pasaron jugando a Goody, Alley Cat, Tapper, Zaxxon, Lemmings, Digger, y otros muchos…. En otro capítulo, os contaré más historias del pobre Amstrad.

En su momento, toda una declaración de intenciones, y un gran golpe a la gran IBM

La primera mitad de los 90 la marcaron las videoconsolas: una GameBoy venida de alemania en el 91, una Megadrive traída por los reyes magos en las Navidades del 92 (el año de las olimpiadas), un MegaCD comprado en la Virgin Megastore de Barcelona en verano del 94, tratando de estirar la vida de una consola que empezaba a quedarse atrás… Esos años fueron decisivos para que dejáramos de pensar que eso de jugar a videojuegos de verdad sólo ocurría en los salones recreativos a los que mi hermano mayor me llevaba. ¿Pero esto va de ordenadores, no? Si quieres saber cuál fué el que puedo considerar mi primer PC sigue leyendo.

Finalmente, ya con 10 años, llegamos a las navidades de 1995 donde todo iba a cambiar, era el momento de renovar el ordenador y que sustituyera a todo lo demás: Empezamos por visitar las pocas tiendas de informática que había en mi pueblo pero ninguna nos convenció. Tan sólo recuerdo las triquiñuelas del vendedor de turno, que a falta de buen material, nos intentaba colocar lo que había por ahí: pese a haber ya aparecido el intel Pentium, allí aún abundaban los 486 de altas frecuencias y Cpus de otro dichoso fabricante llamado CYRIX el cual el vendedor de la tienda defendía a capa y espada (¡Es lo mismo pero más barato! – Si, claro…) así que al menos sacamos algo en claro, queríamos un PC con un intel Pentium.

Los clones del 486 poco podían hacer ante el Pentium

Después de mucho cabilar, decidimos que había que ir a por una tienda que nos diera mayor confianza y si había que hacer una inversión, se haría en condiciones: ¡Estaría sustituyendo a un ordenador que llevaba ahí casi 10 años! Por aquél entonces, recordemos que la única fuente fiable de información sobre ordenadores era la prensa escrita. Ahí aparece un anuncio destacado:

Menudo dineral, ¡Como para no dudar!

Beep era una cadena que llevaba poco en la zona (en la capital de comarca) pero parecía algo serio: Una TIENDA con mayúsculas, forrada de posters de las últimas novedades en hardware y software, y un escaparate de esos que te hace caer la baba. La tienda, la llevaba un señor holandés que a mis ojos medía dos metros, cuyo acento le daba un aire “Premium” a las explicaciones técnicas que nos ofrecía a mí y a mi padre sobre las bondades de apostar por lo último.

Así, el hombre no nos forzó en ningún caso a optar por la gama alta, sinó que consideró que el modelo base con un Pentium a 75 megahercios sería más que suficiente, tan sólo faltaba la última elección: el Sistema Operativo: El OS2 Warp de IBM o algo nuevo que no sabíamos si prometía demasiado llamado Windows 95 pero que por algún motivo hice que la balanza se decantara hacia él, ¡Y menuda elección hice!

Menos mal que nos decantamos por Windows 95…

Y llegamos al final de este capítulo: Después del “paripé” de salir de la tienda sin nada entre nuestras manos y un par de intentos ligeramente torpes de convencerme de que ahora la elección estaba en las manos de “los Reyes Magos”, sólo quedaba esperar unos días hasta que el susodicho ordenador llegara.

Y sí, parece ser que me había portado suficientemente bién como para esos tres seres extraños montados en camellos trajeran a casa el dichoso cacharro que tantas horas de entretenimiento nos daría; porque no nos engañemos… en los 90… ¿alguien se creía realmente que el ordenador en casa era para “trabajar y estudiar”?

Continuará… ¡Con un salto en el tiempo de ni nada más ni nada menos que 25 años! Te animo a que leas la segunda parte, que explica el verdadero sentido de la existencia de Órbita Retro.

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